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Los Maradona que llevamos dentro

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En el mismo hombre convivieron: el hijo pródigo, amado por Don Diego y Doña Tota y por sus hermanos, pero también el odiador serial de sus hijos, de los que se tatuó sus nombres a lo largo de sus brazos como un estandarte, y al mismo tiempo los arrastró al cadalso.

En ese personaje nadie sale indemne, los que lo amamos y aquellos que lo odiaron con la misma intensidad; los que armaron una iglesia en su nombre; los que espiaban sus imágenes con culpa en la intimidad, pero a luz del día, no se atrevían ni a nombrarlo.

En todos los Maradonas, hay uno de nosotros.

Todos fuimos Maradona alguna vez, el de querer mandar al carajo a la autoridad familiar, insultar a algún político de turno, o algún miembro eclesiástico, y no poder. Pero Diego Sí lo hacía, sin importar las consecuencias.

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También, con esa misma devoción amó hasta el extremo, se drogó sin límites, y tomó todo el alcohol posible, hasta quizás, olvidarse de su propio nombre, y caer tanto, pero tanto; que tus propios vividores, te fueron empujando a un abismo, de difícil retorno.

Muchas veces vimos en ese pequeño hombrecito, nuestras propias miserias, pero también las grandes pasiones.

Cada una /uno en gran medida hicimos pedazos tu vida y la despedazamos en pequeños trozos de humanidad, porque a través tuyo cargamos muchas veces, las frustraciones y alegrías en tu imagen, como esos ídolos paganos, del que vos seguís siendo el representante «Argento» por naturaleza. Ese ser argentino no podía ser un «Federer», ni siquiera un «Mesi», Ese sos vos Diego, no hay discusión al respecto.

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Y un 25 de noviembre del olvidable 2020, tu cuerpo implosionó, porque fue adentro, de tantas cargas propias y ajenas. Como si de pronto, ese ser irracional, de múltiples vidas, un día dijo: «hasta acá llegué y ahora, yo me voy con Pelusa, mi gran niño interior, a pegarle al «Arco» iris del infinito, de la mano de un barrilete cósmico.

Y les dejo por aquí, a los juzgadores de mi vida, que quizás, por fin decidan, vivir sus propias vidas y sus muertes.

Miryam Bloch

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